SAN SALVADOR, Abr 2 (alc). En toda América Latina, el continente de mayor población católica, el deceso del papa Juan Pablo II esta noche, causó gran dolor y motivó expresiones de pesar tanto en las iglesias católicas como en las evangélicas.
La Iglesia Evangélica de Confesión Luterana de Brasil (IECLB) expresó a los fieles y ministros de la Iglesia Católica su pésame y señaló que acompañaron "con oración y solidaridad la pasión del Papa, a quien Dios llamó hoy a la vida eterna".
Ha muerto, dice un mensaje suscrito por el primer vicepresidente de la IECLB, Homero Severo Pinto, "un gran líder espiritual y moral que trabajó incansablemente por la paz y la justicia social" y en pro de la unidad de la iglesia y la fe.
Renovó el compromiso ecuménico del Concilio Vaticano II y además reunió a los líderes religiosos de todo el mundo, en Asís, para orar por la paz.
Pedimos al Espíritu Santo que ampare a la Iglesia Católica en este doloroso proceso de luto y en la definición de su rumbo futuro, agrega.
En El Salvador, el obispo Martín Barahona, primado de la Iglesia Anglicana de la Región Central de América (IARCA) y presidente del Consejo Nacional de Iglesias salvadoreñas, dijo: "El Papa Peregrino no ha muerto, continúa su camino a la resurrección y a la vida eterna".
El Consejo Nacional de Iglesias (CNI), integrado por las Iglesias Luterana, Calvinista Reformada, Bautista y Episcopal Anglicana, lamenta profundamente la muerte del "Papa Peregrino" pero hace énfasis en que no se debe olvidar la esperanza de los cristianos que es la resurrección.
"Aunque disentimos en temas como la ordenación de mujeres, la planificación familiar y otros, eso no significa que no reconocemos su aporte, su entrega, su vocación de hombre de fe", mencionó Barahona.
Agregó que están orando para que el Espíritu Santo se derrame en los 117 príncipes de la Iglesia Católica Romana que deberán decidir el próximo sucesor de Juan Pablo II.
En Cuba, el gobierno de Fidel Castro autorizó que el canal de televisión del estado transmitiese el viernes un mensaje del cardenal cubano Jaime Ortega Alamino, quien figura según expertos vaticanistas entre los cardenales "papables".
El cardenal exhortó a todos los católicos y cristianos cubanos a orar por Juan Pablo II, al tiempo que recordó su visita en 1998 a Cuba.
El cardenal Ortega, visiblemente conmovido, expresó que "es un gran hombre el que muere, un hombre que ha llevado el peso moral de este mundo durante 26 años. Es el que ha tenido al mismo tiempo la responsabilidad de convertirse en el referente moral de la humanidad en los últimos años llenos de guerras y de dificultades".
Recordó que Juan Pablo II, decidió recorrer el mundo entero, tratando de llevar "el mensaje de amor, de paz, de verdad y de libertad, de salvación a toda la humanidad". Así, dijo, "vino a Cuba, así estuvo entre nosotros. Su visita es inolvidable".
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Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación
Posted by AIELC Noticias on Sat, Apr 9, 2005 at 8:23 AM
A continuación el texto completo del tributo rendido al Papa Juan Pablo II por el secretario general del CMI, pastor Dr. Samuel Kobia, destacando algunos logros específicos de su pontificado:
El Papa Juan Pablo II ha sido una de las personalidades más destacadas de las últimas décadas, y su influencia trasciende la Iglesia Católica Romana y la comunidad cristiana mundial. Durante su pontificado, la Iglesia Católica Romana afirmó su vocación universal y consolidó su coherencia interna. Se recordará con gratitud su compromiso en favor de la justicia social y la reconciliación, de los derechos humanos y la dignidad de la persona humana, así como de la unidad cristiana y el entendimiento entre las religiones.
Recordamos con complacencia la visita que Juan Pablo II hizo a la sede del CMI en los primeros años de su pontificado, en 1984, cuando compartimos un servicio de culto en la capilla del Centro Ecuménico y oramos juntos por la plena comunión entre cristianos. Con esa visita, Juan Pablo II no sólo seguía los pasos de su predecesor Pablo VI, quien había visitado el CMI en 1969, sino que expresaba también su propio compromiso con el movimiento ecuménico.
Karol Wojtyla, nacido en Wadowice, Polonia, el 18 de mayo de 1920, fue elegido Papa en 1978. Durante su pontificado, mediante largos viajes, las visitas ad limina, su impresionante cuerpo de escritos y utilizando resueltamente las estructuras eclesiásticas (por ejemplo los sínodos de obispos), buscó dar cohesión y coherencia a la Iglesia Católica Romana.
En la primera mitad de su pontificado, Juan Pablo II prestó particular atención a la situación de las personas que vivían bajo gobiernos comunistas. Con una mezcla de diplomacia silenciosa y enérgica denuncia, elaboró una “Ostpolitik” de la iglesia y dio su apoyo a quienes se oponían a la ideología marxista, sobre todo en su Polonia natal. Durante ese período, su insistencia deliberada en los derechos humanos (en particular en Redemptor hominis) y en la libertad religiosa constituyó una base firme para impugnar la ideología marxista y la práctica comunista.
Durante el segundo período de su pontificado, el Papa Juan Pablo II puso en tela de juicio los valores predominantes de la cultura occidental, cuestionando lo que consideraba como tendencias permisivas en materia de sexualidad humana, y afirmó la “cultura de vida” como opuesta a la “cultura de muerte”. Este empeño se manifestó sobre todo en las diversas encíclicas sociales publicadas en esa época: Laborem Exercens, Solicitudo Rei Socialis y Centessimus Annus. En esta reafirmación y desarrollo del pensamiento social católico romano, logró iniciar un diálogo sobre las estructuras y los fundamentos adecuados para la vida humana en sociedad.
El examen sistemático de los principales elementos de la fe cristiana y de los problemas que se plantean a la iglesia en todo el mundo evidenció también la preocupación de Juan Pablo II por afirmar las verdades centrales de la fe y la Iglesia Católica Romana. Esto se puso de manifiesto con la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica y de algunas instrucciones doctrinales (por ejemplo Ad Tuendam Fidem).
Habiendo adoptado conscientemente el nombre de Juan Pablo al acceder al pontificado, Karol Wojtyla no trataba tan sólo de honrar a su predecesor inmediato, sino de continuar y completar la obra reformadora de Juan XXIII y de Pablo VI. Así pues, en su labor trató también de promover las relaciones con otras iglesias cristianas y de comprometerse con ellas en la búsqueda de la unidad de los cristianos.
Interés inmediato para él tenía el acercamiento a las iglesias ortodoxas. Constantemente procuró reforzar y desarrollar los lazos entre los “sucesores” de los hermanos Andrés y Pedro. En sus viajes por todo el mundo, aprovechó para entrevistarse con dirigentes de otras iglesias y para exhortar a los católicos romanos a participar plenamente en iniciativas y consejos ecuménicos locales.
Particular interés tiene su intento de ofrecer una visión de la unidad en su encíclica Ut Unum Sint, que recoge las percepciones y las experiencias de católicos romanos que han participado en el movimiento ecuménico y ofrece una reflexión de fondo sobre la naturaleza del diálogo y la unidad. Este texto es inusual por el hecho de que cita informes del movimiento ecuménico más amplio, en particular de la Comisión de Fe y Constitución del CMI.
Para favorecer el camino hacia la unidad, Juan Pablo II invitaba en esa encíclica a otras iglesias a reflexionar con él sobre el papel y la estructura del ministerio de Pedro como servidor de la unidad de los cristianos e invitaba asimismo a su iglesia a pedir perdón por los pecados cometidos a lo largo de su historia que contribuyeron a la división. Esto fue muy evidente con ocasión de las celebraciones del milenio en Roma, el 13 de marzo de 2000, cuando pidió perdón a las otras iglesias por los pecados cometidos contra ellas por representantes de la Iglesia Católica Romana.
Como obispo de Roma, Juan Pablo II inició una serie de acontecimientos y reflexiones sobre la obra y el ser de la Santísima Trinidad destinados a celebrar el 2000 aniversario del nacimiento de Jesús de Nazaret. De esa forma, cristianos de numerosas iglesias en todas las partes del mundo pudieron participar en un proceso ecuménico a nivel local e internacional y el ecumenismo local fue estimulado.
Juan Pablo II también desplegó esfuerzos para entablar diálogo con creyentes de otras religiones. En dos ocasiones, en Asís, invitó a los dirigentes de las principales religiones del mundo a que se unieran a él en oración por la paz del mundo -en 1986 y en enero de 2002, tras el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 contra los Estados Unidos y las medidas subsiguientes-, y a promover una cultura de paz que hiciera frente a la cultura de guerra dominante.
Sus enérgicas proclamas y actos en pro de la paz, en particular en las dos guerras del Golfo y en el conflicto palestino-israelí, han tenido una particular importancia. Al impulsar esta preocupación común de las iglesias de todo el mundo y del movimiento ecuménico en general, reforzó las voces de los cristianos que en todas partes trabajan para vencer la injusticia y promover la paz duradera.
El pontificado de Juan Pablo II ha atravesado valientemente un período de profundos cambios y transformaciones en la iglesia y el mundo. La nueva era y el nuevo milenio que han comenzado requerirán nuevas respuestas por parte de la Iglesia Católica Romana y del movimiento ecuménico.
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El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es una comunidad de 347 iglesias, procedentes de más de 120 países de todos los continentes y de la mayor parte de las tradiciones cristianas. La Iglesia Católica Romana no es una iglesia miembro pero mantiene relaciones de cooperación con el CMI. El órgano rector supremo es la Asamblea, que se reúne aproximadamente cada siete años. El CMI se constituyó oficialmente en 1948 en Ámsterdam (Países Bajos). Al frente del personal del CMI está su Secretario General, Samuel Kobia, de la Iglesia Metodista de Kenya.
Posted by AIELC Noticias on Sat, Apr 9, 2005 at 8:16 AM
Abril 4, 2005 -- "Si nos hemos unido a Cristo en una muerte como la suya, también nos uniremos a el en su resurrección." (Romanos 6:5)
Después de observar una vigilia con tantas personas de todo el mundo, la noticia de la muerte del Papa Juan Pablo II me produce una profunda tristeza. A lo largo de su ministerio pastoral, el Papa Juan Pablo II sirvió a nuestro Señor y a la Iglesia con gran valor y sabiduría. Hombre del pueblo, defendió la causa de la justicia y la paz no solo para su Polonia nativa sino en nombre de toda la creación. Recibió con los brazos abiertos a personas de todos los credos y razas, pero su amor por los jóvenes represento un ejemplo especial de su preocupación por todos.
El Papa Juan Pablo II pasara a la historia por numerosas razones, no siendo la menor de ellas la longitud de su servicio en el ministerio papal. Su compromiso con el movimiento ecuménico lo recordaran muchos como el sello personal de su ministerio. Sus muchas encíclicas contienen numerosas referencias a su deseo de promover la unidad de la Iglesia de Cristo y expreso su anhelo de que un día todos los cristianos pudieran compartir juntos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Hasta solicito conversaciones ecuménicas sobre su propio ministerio papal y como podría servir mejor como vehiculo de unidad cristiana.
En especial, los luteranos siempre recordaran a Juan Pablo II como el Papa que promovió un crecimiento sin precedentes en las relaciones entre los luteranos y los católicos. Sanar las heridas expuestas durante la Reforma del siglo XVI adopto un nuevo significado con la firma en 1999 de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación. Vivimos con la nueva esperanza de que el Espíritu del Cristo Vivo prosiga esa obra y nos traiga una relación aun mas fuerte entre los dos organismos eclesiales.
La causa de la unidad se encontraba en un lugar prominente cuando el Papa Juan Pablo II me recibió calurosamente en el Vaticano en el 2003. Desde su presencia profundamente espiritual y su profunda fe, me recibió como hermano en Cristo y juntos compartimos nuestras oraciones para que el Cuerpo de Cristo pudiera pronto ser uno.
Le damos gracias a Dios por la vida y ministerio de Juan Pablo II, y oramos para que Dios le de fuerzas al pueblo de la Iglesia Católica con la promesa de la resurrección de Cristo en este tiempo de dolor y recuerdo. también oramos para que el Espíritu Santo de Dios guíe las deliberaciones del Colegio Cardenalicio al iniciar sus miembros el proceso de seleccionar un nuevo Papa.
Rdo. Mark S. Hanson
Obispo Presidente, Iglesia Evangélica Luterana en América
Posted by AIELC Noticias on Sat, Apr 9, 2005 at 7:48 AM